← Volver a artículos
Artículos · Entender Primero

Mi hijo necesitaba llevar su bolsa. Yo necesitaba tener razón.

Ángel quería llevar su bolsa de muñecos. Yo llevaba demasiadas cosas, llegábamos tarde y estaba convencido de que debía mantenerme firme. Hasta que empecé a preguntarme para qué le servía realmente.

20 de octubre de 20264 min de lecturaPor Manuel García

Íbamos tarde.

Yo llevaba la mochila, el abrigo, la botella de agua y las llaves. Me faltaban manos para todo.

Y Ángel quería llevarse su bolsa con los muñecos.

Otra vez.

A mí me sobraban trastos y me faltaba tiempo. A él le faltaba su bolsa.

Y ya teníamos la discusión.

«Pero si no hace falta llevar todo eso».

Una frase estupenda, pronunciada con toda la autoridad de un padre que sabe perfectamente qué cosas son necesarias.

El problema es que Ángel no estaba de acuerdo.

Y cuando algo se le metía en la cabeza, convencerlo no era precisamente sencillo. Los cambios le costaban, podía pasar del enfado al llanto y una pequeña diferencia en lo que esperaba podía complicarnos toda la salida.

Yo seguía insistiendo.

Porque, vamos a ver, ¿cómo íbamos a llegar tarde por una bolsa de muñecos?

El adulto responsable, derrotado por unos muñecos

Había algo que me molestaba especialmente.

La sensación de estar cediendo.

Yo decía que no hacía falta llevar la bolsa. Ángel insistía en llevarla. Y cuanto más insistía él, más convencido estaba yo de que tenía que mantenerme firme.

En algún momento habíamos dejado de hablar de lo que necesitábamos para salir de casa.

Ahora estábamos discutiendo quién tenía razón.

Y, naturalmente, yo tenía que tenerla.

Era el padre.

El adulto.

El señor que pagaba las facturas y que estaba perdiendo una discusión con un niño que todavía necesitaba ayuda para vestirse.

Muy edificante.

Lo curioso es que yo tampoco salgo de casa sin mis cosas. Necesito mis llaves, mi móvil y saber dónde llevo lo importante.

Pero eso son necesidades de una persona organizada.

Lo de Ángel eran manías.

Qué casualidad.

¿Y si la bolsa no era el problema?

Con Ángel había cosas que yo no entendía.

Necesitaba determinados objetos, quería repetir algunas costumbres y los cambios podían sentarle fatal. Lo que para mí era una pequeña variación, para él podía acabar en una protesta enorme.

Durante bastante tiempo lo interpreté como cabezonería.

Y algunas veces seguramente estaba intentando salirse con la suya. Tampoco voy a convertir a mi hijo en un angelito incomprendido que nunca protesta por gusto.

Pero empecé a observar algo.

Aquellos muñecos y aquella bolsa aparecían especialmente cuando había que cambiar de lugar, dejar algo atrás o irse con otra persona.

Y entonces me hice una pregunta que no me había hecho mientras discutíamos:

¿Y si necesitaba llevar sus cosas porque le ayudaban a afrontar esos cambios?

No sabía qué significaba exactamente aquella bolsa para Ángel.

Seguía sin gustarme cargar con media casa.

Y tampoco tenía intención de permitir que un muñeco decidiera a qué hora salíamos.

Pero me quedé pensando en algo bastante incómodo.

Quizá había estado tan ocupado intentando quitarle una manía que ni siquiera me había preguntado para qué le servía.

Y lo peor era reconocer que, en aquella discusión, el más empeñado en que las cosas se hicieran a su manera podía haber sido yo.

Todavía me pregunto cuántas veces me ha pasado lo mismo con otras pequeñas cosas.

Porque Ángel tiene sus manías.

Pero empiezo a sospechar que su padre también tiene unas cuantas.


En Qué hacer con las manías de tu hijo cuento cómo fui intentando entender por qué Ángel necesitaba llevar determinados objetos, repetir costumbres y mantener cosas que a mí me parecían insignificantes. También cuento mis discusiones, mis equivocaciones y lo que fui descubriendo al observarlo. No son recetas para todos los niños. Es lo que vivimos nosotros y lo que a mí me ayudó a empezar a entenderlo.

cambios de rutinamanías infantilesniños sensiblesobjetos de transición

Este artículo parte de mi experiencia personal como padre. Comparto escenas e ideas que me han ayudado a comprender mejor algunas situaciones cotidianas, especialmente cercanas al TEA grado 1 y a dificultades leves de regulación, cambio o interacción. No es tratamiento ni sustituye una valoración sanitaria, psicológica o educativa cuando sea necesaria.

Seguir leyendo

Si esta escena te suena, quizá estas también.

Portada de Qué hacer con las manías de tu hijo
Si quieres seguir por aquí

Qué hacer con las manías de tu hijo

Hay objetos, costumbres y pequeñas resistencias que desde fuera parecen manías. En este libro cuento qué empecé a observar en Ángel y cómo fui cambiando mi manera de responder.

Ver el libro