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Artículos · Entender Primero

Los niños sin grises: cuando «te odio» no significa lo que parece

Cuando mi hijo decía cosas como «te odio» o «ya no eres mi padre», yo las escuchaba como declaraciones literales. Con el tiempo empecé a ver que muchas veces faltaban palabras intermedias para emociones muy intensas.

15 de octubre de 20263 min de lecturaPor Manuel García
Los niños sin grises: cuando te odio no significa lo que parece.

Una de las cosas que más me costó al principio fue escuchar frases enormes para emociones que, vistas desde fuera, podían durar diez minutos.

«Te odio.»

«Ya no eres mi padre.»

«Ha sido el peor día de mi vida.»

Mi reacción automática era tomarlas bastante al pie de la letra. Y claro, cuando tu hijo te dice algo así, uno no siempre responde con la serenidad de un documental educativo.

Con el tiempo empecé a darme cuenta de que muchas veces yo estaba escuchando una declaración definitiva y él estaba intentando nombrar algo mucho más pequeño para lo que todavía no tenía una palabra mejor.

Yo también confundía intensidad con intención

Si decía «te odio» justo después de un límite, era muy fácil pensar: está usando esto para hacerme daño o para conseguir que ceda.

Alguna vez puede haber algo de prueba, claro. Los niños también descubren qué efecto tienen ciertas palabras. Pero yo empecé a notar que había otra cosa: a veces su vocabulario emocional tenía menos escalones de los que yo suponía.

Enfadado. Muy enfadado. Decepcionado. Avergonzado. Cansado. Herido. Todo podía salir por la misma puerta.

Cuando me decía «te odio», yo empecé a intentar escuchar primero «ahora mismo estoy desbordado contigo».

La idea de los grises me ayudó mucho

Yo no necesitaba discutirle durante diez minutos si realmente me odiaba. Necesitaba intentar poner una palabra un poco más pequeña entre los dos extremos.

Empecé a probar frases como:

«No creo que hayas dejado de quererme. Creo que estás muy enfadado conmigo.»

«Puede que esto te haya dado muchísima rabia.»

«¿Puede ser que te haya dado vergüenza?»

No siempre acertaba. Y esa parte también es importante. Yo no quiero decidir por él lo que siente y escribirle el guion completo.

Lo que intento es ofrecer una posibilidad. Si no es esa, buscamos otra.

El «no sé» dejó de parecerme una tomadura de pelo

También me pasaba otra cosa. Después de una explosión yo preguntaba «¿por qué has hecho eso?» y recibía un «no sé» que me parecía desesperante.

Durante un tiempo lo escuchaba como «no quiero decírtelo».

Ahora muchas veces pienso que puede ser exactamente lo que dice: todavía no sabe separar lo que ha pasado dentro.

Rabia, cansancio, miedo, vergüenza y frustración pueden haber salido juntos en forma de grito, insulto o una frase enorme. Yo le estoy pidiendo un informe perfectamente ordenado cinco minutos después. Ambicioso por mi parte.

Lo que intento hacer ahora

Cuando aparece una frase extrema, intento no pelearme con la frase en el peor momento. Si había un límite, sigue ahí. Después, cuando podemos hablar, pruebo con una sola hipótesis: «Creo que querías seguir y parar te dio mucha rabia».

Si no encaja, buscamos otra. Para mí el avance no es que deje de sentir fuerte, sino que poco a poco tenga más sitio entre «te quiero» y «te odio».

Yo no intento quitarle intensidad. Intento ayudarle a encontrar más palabras dentro de ella.

emocionesTEA

Este artículo parte de mi experiencia personal como padre. Comparto escenas e ideas que me han ayudado a comprender mejor algunas situaciones cotidianas, especialmente cercanas al TEA grado 1 y a dificultades leves de regulación, cambio o interacción. No es tratamiento ni sustituye una valoración sanitaria, psicológica o educativa cuando sea necesaria.

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