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Artículos · Entender Primero

Cuando el móvil no entretiene: esconde

Yo empecé a distinguir dos usos muy distintos del móvil en mi hijo: unas veces era juego compartido y otras parecía un refugio. Desde entonces intento mirar qué función está cumpliendo antes de limitarme a contar minutos.

15 de octubre de 20264 min de lecturaPor Manuel García
Cuando el móvil no entretiene: esconde. La pantalla como refugio.

Yo empecé a fijarme en el móvil por una cosa bastante sencilla: no siempre veía lo mismo cuando mi hijo lo usaba.

Había ratos en los que estaba viendo algo y seguía conmigo. Me enseñaba la pantalla, buscaba mi reacción, se reía y me decía «mira, papá». El móvil estaba ahí, pero seguíamos juntos.

Y había otros ratos distintos. Se metía dentro de la pantalla y parecía desaparecer. Le costaba mucho más responder, cualquier interrupción molestaba y sacarlo de ahí podía acabar bastante peor de lo que yo esperaba.

Al principio mi lectura era la normal: lleva demasiado rato con el móvil. Punto.

Después empecé a preguntarme si algunas veces el móvil no estaba haciendo de entretenimiento, sino de refugio.

La diferencia que yo empecé a mirar

No me fijaba solo en cuánto tiempo llevaba. Miraba cómo estaba dentro de ese rato.

Si compartía conmigo, comentaba lo que veía, me llamaba para enseñarme algo y podía salir con ayuda, para mí aquello se parecía a un juego más.

Cuando se cerraba por completo, apenas quería interacción y cualquier intento de sacarlo provocaba una reacción enorme, yo ya no veía exactamente la misma escena.

El mismo móvil podía ser una cosa un día y otra completamente distinta al siguiente.

Lo que empecé a entender

Una pantalla es muy previsible. No cambia de cara, no te pregunta cosas inesperadas, no espera que interpretes una broma ni te obliga a saber qué quiere alguien de ti.

Eso me hizo pensar que, en algunos momentos, quizá el móvil era el único sitio donde mi hijo podía dejar de responder a todo lo demás.

No lo sé siempre. Y no quiero convertir cualquier rato de pantalla en una teoría enorme. Pero sí me ayuda recordar que yo puedo estar viendo «un niño enganchado al móvil» cuando él quizá está usando ese rato para esconderse un poco del ruido, de la gente o de algo que le está costando.

Mi error era cortar sin mirar qué había debajo

Si yo veía únicamente el tiempo, la solución parecía facilísima: se acabó el móvil.

El problema es que quitar la pantalla no quitaba necesariamente aquello de lo que estaba descansando.

Si venía saturado, si el entorno era demasiado ruidoso o si después del móvil le esperaba algo que le costaba, arrancarlo de golpe podía ser como abrir una puerta sin avisar y exigirle que saliera corriendo.

Eso no significa dejarle el teléfono sin límite. En casa también hay momentos en los que toca terminar.

Lo que he intentado cambiar es la salida. A veces me basta con anticiparla con una frase sencilla: «Último vídeo y paramos». No resuelve todo, pero me ayuda a no aparecer de golpe arrancando el refugio sin mirar qué estaba pasando antes.

No funciona siempre. Nada que ocurra con un niño funciona siempre, por desgracia para toda la industria de los consejos definitivos.

Pero para mí cambia bastante entrar así en la escena en vez de aparecer de golpe con el brazo ejecutivo del Estado y retirar el dispositivo.

La pregunta que me hago ahora

Cuando lo veo muy metido en la pantalla intento no quedarme solo con el reloj.

Me pregunto: «¿está disfrutando o está intentando no estar aquí?»

A veces la respuesta será simplemente que está viendo un vídeo y no quiere parar porque le gusta. Perfecto. Otras veces noto que hay algo más.

Yo no uso esta pregunta para justificar el móvil. La uso para entender mejor qué estoy quitando cuando lo apago y qué tengo que ofrecer después.

pantallasTEA

Este artículo parte de mi experiencia personal como padre. Comparto escenas e ideas que me han ayudado a comprender mejor algunas situaciones cotidianas, especialmente cercanas al TEA grado 1 y a dificultades leves de regulación, cambio o interacción. No es tratamiento ni sustituye una valoración sanitaria, psicológica o educativa cuando sea necesaria.

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Si el móvil aparece cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso o exigente, aquí sigo con transiciones, saturación y apoyos concretos.

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