Hay discusiones familiares que vistas desde fuera parecen escritas por un guionista con demasiado tiempo libre. El vaso. La bolsa. Esa ruta concreta. Un muñeco que “no hace falta”. Y el adulto, convencidísimo, defendiendo que todo es igual mientras el niño actúa como si hubiéramos cambiado las leyes de la física.
“Pero si es lo mismo” es una frase estupenda cuando no eres quien necesita que siga siendo igual.
Yo también la usé. Con ropa, objetos, caminos y pequeñas rutinas. El problema es que para un adulto dos vasos pueden cumplir exactamente la misma función y, para el niño, uno pertenece a una secuencia conocida y el otro aparece justo cuando ya tenía bastante con todo lo demás.
No todo lo repetitivo tiene la misma explicación.
A veces hay sensibilidad. Otras, cansancio. Otras, una transición mal avisada. A veces el objeto simplemente ayuda a conservar un trocito de lo anterior mientras pasa a lo siguiente. Y sí, otras veces puede ser una preferencia sin más. Por eso empezar llamándolo “manía” suele cerrar la investigación demasiado pronto.
Los adultos también tenemos nuestro vaso azul.
Nuestro sitio del sofá. Nuestra taza. Nuestra ruta. El café de una forma concreta. Solo que lo nuestro suele recibir nombres bastante dignos: costumbre, organización, “déjame mis cosas”. Lo suyo tiene peor departamento de marketing.
Mirar lo que pasó antes cambia bastante la escena.
¿Venía cansado? ¿Le hemos cambiado el plan? ¿Le hemos cortado un juego de golpe? ¿Ese objeto le ayuda a pasar de una cosa a otra? ¿La pelea es por el vaso o es la cuarta cosa que hoy dejó de ser como esperaba? No hace falta resolver un misterio internacional. Solo no empezar por corregir el final.
Acompañar no significa obedecer a todas las manías.
Hay cosas que se pueden respetar y otras que habrá que flexibilizar. La diferencia es enorme cuando el adulto primero entiende para qué estaba sirviendo esa repetición y después decide cómo ampliar sin arrancar de golpe lo que daba seguridad.
Antes de pelearte por la cosa pequeña, mira si de verdad la pelea es por esa cosa. Muchas veces el objeto solo está sujetando un cambio, una espera o un día que ya venía torcido.
